viernes, 27 de abril de 2007

Silencio



Silencio. Se exige silencio. Sobran tus palabras. Sobras tú. Silencio. ¡Cállate de una vez!, parece decir con esa mirada indiferente, pero ni siquiera sabes si dice eso porque nunca te lo va a decir abiertamente, porque calla a su vez. No hay nada que oír. Silencio. Se quiere silencio. Y en cambio… Estás fuera de ti. Reclamas, solicitas una explicación porque tú ya llevas minutos, horas, lustros… millones de años dando las tuyas. ¿Quien te has creído que eres? No te mereces ni un solo gesto a tu favor. Pretendes que se te responda, que se te hable. ¡Estás loco!, o mejor, ¡eres idiota! Pero, y es que después de tanto esfuerzo, estás agotado, exhausto por toda una existencia perdida (y no tendrás ninguna otra más)... debes desistir… ¡te han vencido! Callas al fin. No más palabras. Silencio.

martes, 10 de abril de 2007

Con frecuencia



Con frecuencia me dicen ¡saca aquello! o ¡trae esto!, y aun refiriéndose mi interlocutor a objetos precisos, bien definidos, y aun observándolos nítidamente estacionados frente a mis ojos, estos (al igual que todos los demás) se transforman dentro de mí en algo indeterminado, imposible de ser alcanzando o comprendido; son y serán una pura abstracción, pertenecientes a un imaginario extraño, ajeno a mi ser, a mi esencia.

martes, 3 de abril de 2007

En el subsuelo



Mientras no a demasiada distancia es casi seguro encontrar a cualquiera muriéndose por las calles lentamente de abandono, frío, hambre o etilismo, aquí (o allí o allá) nosotros también agonizamos, sí, mortalmente, pero de aburrimiento; un tremendo, inconmensurable sopor se ha apoderado sin remedio de nuestros sentidos, aturdiéndolos, amortiguando sobremanera cualquier estímulo externo por lacerante o impactante que este sea, y así, nos pudrimos con disimulo, sumidos en un abismo interior del que nada ni nadie nos podrá nunca arrancar. Sepultados permanezcamos entonces.