martes, 3 de abril de 2007

En el subsuelo



Mientras no a demasiada distancia es casi seguro encontrar a cualquiera muriéndose por las calles lentamente de abandono, frío, hambre o etilismo, aquí (o allí o allá) nosotros también agonizamos, sí, mortalmente, pero de aburrimiento; un tremendo, inconmensurable sopor se ha apoderado sin remedio de nuestros sentidos, aturdiéndolos, amortiguando sobremanera cualquier estímulo externo por lacerante o impactante que este sea, y así, nos pudrimos con disimulo, sumidos en un abismo interior del que nada ni nadie nos podrá nunca arrancar. Sepultados permanezcamos entonces.

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