
Con frecuencia me dicen ¡saca aquello! o ¡trae esto!, y aun refiriéndose mi interlocutor a objetos precisos, bien definidos, y aun observándolos nítidamente estacionados frente a mis ojos, estos (al igual que todos los demás) se transforman dentro de mí en algo indeterminado, imposible de ser alcanzando o comprendido; son y serán una pura abstracción, pertenecientes a un imaginario extraño, ajeno a mi ser, a mi esencia.

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