Mis objetivos son cada vez más modestos, más irrisibles: pasar el día, en mi celda, en mi celda interior, detenido en variados procesos, con seguridad estériles, que atiendo uno después del otro, o si quiero (¿y porqué debería?) a la vez; son diversos porque agotarían mi concentración, mi esperanza, las despedazarían si fuera única mi dedicación; pero, en cambio, al dividirse, al multiplicarse casi sin freno (en caída libre), disminuyen asimismo tanto las posibilidades de progresar, de cobrar significado, que de igual manera te acaban por agotar... por despedazar.

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