viernes, 18 de mayo de 2007

Mis palabras

Intimidantes, brutales, barrocas, violentas, dolientes, crípticas, impactantes, densas, desequilibrantes, sarcásticas, tensas, tortuosas, angustiantes, hipnóticas, transgresoras, alienantes y amargas.

sábado, 12 de mayo de 2007

Planas, aplanadas

Planas, aplanadas, lisas, conservadoras: sus mentes. Quieren preservar su miseria, a toda costa. Y qué miseria, qué miseria de existencia: mísera. Sus acciones, caracteres, los de las personas de convenciones: exentas de aristas, de las miríadas de los reflejos internos que brotan de dentro de ti. Sabes que nunca te curarás perdiéndote en el Otro, abandonando antes tus rarezas, deformidades, tus sinuosos efluvios por conseguir de ellos su beneplácito. ¿De qué te servirá convertirte en mero reflejo de sus banales deseos, de sus huecos anhelos? Sí, se exige una abdicación incondicional para salvar tu vida: no existirá ninguna posibilidad de explorar qué quieres, quién eres, porque existen otros objetivos de mayor alcance a los que deberás someterte. Así pues, desiste y conviértete con los años en un espejismo de lo que pudiste ser, de lo que no te atreviste ser, porque ser, demostrarte como realmente eres, abandonando tu camuflaje, es atroz, primero para ti y luego para los Otros. Pero tú, ser mil veces multiforme, ser infinitamente heterogéneo, ¿podrías rebelarte, podrías escabullirte del yugo que te atenaza si de verdad te lo propusieras? Así pues, ¿por qué renuncias a ti mismo?, ¿qué es lo que te hace caer en la parálisis?

jueves, 10 de mayo de 2007

Allá

Allá estaba: a lo lejos. Tenía su mirada clavada en mí. Me sonreía abiertamente; no había duda de ello. Pasaron los días, los meses. Y allá continuaba. Y allá persistía también su actitud. Mas cuando ya ansioso por abandonar mi sepulcro, decidí por sorpresa acercarme después de tantas horas frente a frente aunque en la distancia, y escasos metros nos separaban, y ya estaba a punto de alcanzar la culpable de mantenernos todavía aislados –una finísima puerta de cristal–, su sonrisa, otrora placentera, se tornó súbitamente nerviosa. Y con un brusco ademán de su mano derecha se apresuró a comprobar que el paño estuviera efectivamente… ¡cerrado! Entonces se dio media vuelta y sin ninguna otra consideración más se adentró hacia adentro hasta que se perdió de mi vista para siempre.

viernes, 4 de mayo de 2007

En mi celda

Mis objetivos son cada vez más modestos, más irrisibles: pasar el día, en mi celda, en mi celda interior, detenido en variados procesos, con seguridad estériles, que atiendo uno después del otro, o si quiero (¿y porqué debería?) a la vez; son diversos porque agotarían mi concentración, mi esperanza, las despedazarían si fuera única mi dedicación; pero, en cambio, al dividirse, al multiplicarse casi sin freno (en caída libre), disminuyen asimismo tanto las posibilidades de progresar, de cobrar significado, que de igual manera te acaban por agotar... por despedazar.

viernes, 27 de abril de 2007

Silencio



Silencio. Se exige silencio. Sobran tus palabras. Sobras tú. Silencio. ¡Cállate de una vez!, parece decir con esa mirada indiferente, pero ni siquiera sabes si dice eso porque nunca te lo va a decir abiertamente, porque calla a su vez. No hay nada que oír. Silencio. Se quiere silencio. Y en cambio… Estás fuera de ti. Reclamas, solicitas una explicación porque tú ya llevas minutos, horas, lustros… millones de años dando las tuyas. ¿Quien te has creído que eres? No te mereces ni un solo gesto a tu favor. Pretendes que se te responda, que se te hable. ¡Estás loco!, o mejor, ¡eres idiota! Pero, y es que después de tanto esfuerzo, estás agotado, exhausto por toda una existencia perdida (y no tendrás ninguna otra más)... debes desistir… ¡te han vencido! Callas al fin. No más palabras. Silencio.

martes, 10 de abril de 2007

Con frecuencia



Con frecuencia me dicen ¡saca aquello! o ¡trae esto!, y aun refiriéndose mi interlocutor a objetos precisos, bien definidos, y aun observándolos nítidamente estacionados frente a mis ojos, estos (al igual que todos los demás) se transforman dentro de mí en algo indeterminado, imposible de ser alcanzando o comprendido; son y serán una pura abstracción, pertenecientes a un imaginario extraño, ajeno a mi ser, a mi esencia.

martes, 3 de abril de 2007

En el subsuelo



Mientras no a demasiada distancia es casi seguro encontrar a cualquiera muriéndose por las calles lentamente de abandono, frío, hambre o etilismo, aquí (o allí o allá) nosotros también agonizamos, sí, mortalmente, pero de aburrimiento; un tremendo, inconmensurable sopor se ha apoderado sin remedio de nuestros sentidos, aturdiéndolos, amortiguando sobremanera cualquier estímulo externo por lacerante o impactante que este sea, y así, nos pudrimos con disimulo, sumidos en un abismo interior del que nada ni nadie nos podrá nunca arrancar. Sepultados permanezcamos entonces.